Evolucionar a través de la tecnología

El fuego no entiende de fronteras

Foto de Yavuz Solgun El fuego no entiende de fronteras

Cada verano la Península Ibérica es azotada por los incendios forestales. La voracidad y dimensiones que éstos llegan a alcanzar, solo pueden entenderla las personas que se han visto cara a cara con el fuego.

Estos últimos días estamos siendo testigos de una de las mayores catástrofes que ha vivido nuestro país en este ámbito.

Los incendios que están afectando a Ávila, Madrid y Toledo están dejando una huella difícil de expresar con palabras. Tras cada hectárea quemada hay un paisaje, un ecosistema, una forma de vida y, en demasiados casos, personas obligadas a abandonar sus hogares sin saber qué encontrarán al regresar.

En medio de esta pérdida, cientos de profesionales trabajan sin descanso para proteger poblaciones, abrir vías de evacuación, contener frentes imprevisibles y defender espacios naturales de un valor incalculable.

La magnitud de la emergencia ha requerido una respuesta igualmente extraordinaria.

El pasado 23 de julio se declaró la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila —ampliada posteriormente a Toledo— ante la rápida propagación del fuego, la simultaneidad de varios frentes y el riesgo para las personas, las infraestructuras y el medio natural. La declaración estableció una dirección operativa única y la posibilidad de movilizar recursos de administraciones no afectadas directamente por los incendios.

Desde entonces, bomberos, brigadas forestales, servicios de protección civil, fuerzas de seguridad, emergencias sanitarias, medios aéreos y unidades especializadas procedentes de distintos territorios se han incorporado al operativo. También han llegado recursos internacionales.

Equipos con diferentes procedencias, estructuras y competencias se han unido frente a una misma emergencia.

La colaboración forma parte de la identidad de los servicios de emergencias

Cuando un territorio necesita ayuda, otros equipos se movilizan. Profesionales que quizá nunca han trabajado juntos llegan con sus vehículos, materiales, conocimientos y experiencia para integrarse en un dispositivo común. El reciente desplazamiento desde La Rioja de personal, autobombas y vehículos de apoyo hasta el puesto de mando avanzado de Navaluenga es solo una de las expresiones de esta cooperación interterritorial.

Esta capacidad de ayudarse, compartir recursos y ponerse al servicio de un objetivo común representa uno de los mayores valores de nuestro sistema de emergencias.

Pero una colaboración de esta magnitud también plantea un enorme desafío: conseguir que todos los medios movilizados puedan integrarse con rapidez, trabajar con información actualizada y mantener una visión compartida de una emergencia que cambia a cada minuto.

Una única visión operativa para equipos diferentes

En situaciones extremas, la información también es un recurso de emergencia.

Saber qué dotaciones se encuentran disponibles, dónde están actuando, qué capacidades tienen, a qué sector han sido asignadas o cuándo necesitan un relevo puede resultar tan importante como disponer de más medios.

La digitalización centralizada puede ayudar a que toda esa información se encuentre dentro de un entorno operativo común, accesible para quienes deben coordinar el dispositivo y actualizado desde el propio terreno.

No se trata de centralizar todas las decisiones lejos del incendio ni de eliminar la autonomía y el conocimiento de los mandos que están sobre el terreno. Tampoco va de uniformar por completo a servicios que tienen realidades distintas.

La verdadera clave de bóveda está en construir una única referencia operativa compartida: un espacio en el que cada responsable pueda consultar la información que necesita y en el que los cambios relevantes lleguen rápidamente a todos los niveles del dispositivo y facilitar:

  • La identificación de los recursos humanos y materiales movilizados, con su ubicación, disponibilidad y capacidades.
  • La asignación de dotaciones a sectores, tareas y franjas horarias, evitando duplicidades o zonas sin cobertura.
  • El seguimiento de relevos, descansos y tiempos de intervención.
  • La actualización de perímetros, puntos de agua, accesos, zonas seguras, carreteras afectadas y núcleos evacuados.
  • La comunicación de incidencias, cambios de estrategia y nuevas necesidades logísticas.
  • La trazabilidad de las actuaciones para que cada relevo reciba una imagen clara de lo ocurrido y de las decisiones adoptadas.
  • El análisis posterior de la emergencia, necesario para aprender, revisar procedimientos y prepararse mejor para futuras intervenciones.

En un operativo en el que participan cientos de personas, ningún profesional debería perder tiempo buscando información dispersa entre llamadas, mensajes, documentos aislados o aplicaciones que no se comunican entre sí.

La tecnología debe seguir funcionando también cuando todo falla

Los incendios de estos días han afectado carreteras, suministros y redes de telecomunicaciones. Precisamente por eso, la digitalización de las emergencias debe diseñarse pensando en escenarios adversos.

Una plataforma compartida debe contar con sistemas de respaldo, niveles de acceso adaptados a cada función y capacidad para seguir trabajando cuando la conectividad es limitada. La tecnología solo es útil si puede acompañar al operativo en sus condiciones reales, no únicamente cuando todas las infraestructuras funcionan con normalidad.

También debe ser sencilla para evitar añadir carga a profesionales que ya están tomando decisiones bajo una presión enorme.

La mejor tecnología aplicada a las emergencias es, probablemente, aquella que apenas se percibe: la que evita llamadas repetidas, reduce incertidumbre, ordena la información y permite que las personas concentren su atención en lo verdaderamente importante.

Pero hablar de herramientas digitales en días como estos exige prudencia. Ninguna aplicación sustituye la experiencia, el criterio, la valentía ni la capacidad de colaboración de quienes trabajan frente a las llamas.

La tecnología ocupa otro lugar: el de facilitar que esos profesionales puedan intervenir con más información, más seguridad y menos fricciones organizativas.

Una buena coordinación protege a la población y al entorno natural, pero también protege a los propios equipos. Permite conocer dónde se encuentra cada dotación, anticipar relevos, detectar necesidades y evitar que el agotamiento o la falta de información aumenten todavía más el riesgo.

Nuestro reconocimiento a quienes siguen allí

Antes de cerrar cualquier reflexión sobre digitalización, debemos detenernos en lo esencial.

Estos días, bomberos y brigadistas están trabajando en condiciones extraordinariamente duras. Están entrando donde otros necesitan salir, defendiendo viviendas, municipios, animales, bosques y espacios naturales que forman parte de nuestro patrimonio común y acompañando a personas que viven algunos de los momentos más difíciles de sus vidas.

Su trabajo no puede devolver de inmediato todo lo que el fuego está destruyendo, pero está evitando que la pérdida sea todavía mayor.

Desde Sosfy queremos expresar nuestro reconocimiento más profundo a todas las personas que forman parte del operativo y nuestra cercanía a quienes están sufriendo las consecuencias de estos incendios.

La colaboración que estamos viendo estos días nos recuerda algo esencial: ante las grandes emergencias, ningún servicio actúa completamente solo. Fortalecer los medios que permiten compartir información, coordinar recursos y cuidarse mutuamente y, también, reforzar esa vocación colectiva de protección que sostiene cada intervención.

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